Hundir las manos en el barro
suave, empapado
girando y creando
rutina exquisita
del artista alfarero.
La magia comienza
sublime, animosa
la arcilla, de a poco, espesa.
Rocío de barro y estrellas
chispean brazos y piernas
esta viva la mezcla.
Aunque el agua esté fría
tibia la arcilla se aprecia.
Alfarero sin miedo
dedos firmes abren la peña
una estela de surcos
trazan el mundo
y tan solo un aliento
eleva la pieza.
Transformado el sueño
en majestuoso cuenco
se seca con la brisa del silencio
tintes milenarios lo bañan
para definir su garbo
hasta ser entregado al fuego.
Artista hipnotizado
calor abrazador de compuertas
han nacido maravillas
de matices naranja y tierra.



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